Debo confesar que durante ventitantos años de mi vida, la gente me consideraba un ser extraño por dos razones principales: la primera odio los helados, la segunda detestaba a los animales.
Por animales me refiero a todos los tipos, no sólo a los desagradables y detestados por todo el mundo como las ratas y arañas, sino por las tiernas y adoradas mascotas.
Era de esas personas que no soportaban el olor de los perros, odiaba su fría nariz, me volvía loca que alguno me lamiera, me daba asco abrazarlos, tocarlos, no toleraba que el ambiente estuviera lleno de pelos… hasta que Greta apareció en mi vida.
Mi adorada Greta llegó a mí, cuando tenía apenas mes y medio de edad y adaptarnos la una a la otra fue lo complicado. En un mes tuve una clase de sentimientos encontrados, que no sé si le sucedan a todos los primerizos, pero por lo menos yo lloraba de desesperación cuando se portaba mal, me enojaba cuando orinaba mi cuarto o se cagaba en mi sala. Quería regalarla cuando lloraba en las madrugadas y no me dejaba dormir. No hablemos de cuando llegaba a casa y encontraba destrozado algún zapato.
De verdad no entendía porque la gente quería gastar dinero y esfuerzo en un perro, esos animalitos que sólo complicaban la existencia. Hasta que Greta empezó a demostrarme su cariño, me empezó a seguir a todas partes, me espera mientras me baño, arreglo, visto y cocino. Se acuesta conmigo a ver la tele, cuando Andrés la regaña corre a mis brazos, cuando le impide llegar a mí, le ladra. Cuando Greta quiere amor me busca. Y fue entonces cuando mi corazón se derritió y le dio entrada a esta belleza.
Ahora soy yo la que no puede dejar de besarla y abrazarla, le aguanto todo, le regalo zapatos para que muerda (los de Andrés por supuesto), el pelo que tanto odiaba se convirtió en mi mejor almohada, aunque confieso aún me cuesta trabajo soportar sus babas. Me preocupa todo en su comportamiento, ya que todo en ella es nuevo para mi, soy una dueña primeriza que sobreprotege a su hija.
Sé que soy un poco grande para tener mi primer perro y tal vez pasé de negro a blanco en muy poco tiempo, pero confieso que ha sido de las mejores experiencias de vida. No había experimentado esa relación hombre-animal. Ahora vivo con corazón de pollo buscando ayudar a perritos y tratando de darle la mejor de las vidas a Greta.
Los helados aún siguen sin causarme gracia…

pues bienvenida al lado pro-perruno, me da mucho gusto leer esta transformación tuya, jeje. Nosotros adoptamos a nuestra Chabelita y hoy mismo se une a nuestra familia "Tina" para hacerle compañía a su hermanita en las horas que no podemos estar con ella.
ResponderEliminarTenemos harrrrto amor para dar y recibirlo igualmente de ellas. A ver si un día que regrese al defectuoso de vacaciones nos vamos ustedes con Greta y nosotros con las nuestras a dar un rol por el parque españa mientras disfrutamos de un buen helado... yaaa dale chance!! :D
.. Saludos!
Wow!que raza son? de los helados no hablemos!
ResponderEliminar