jueves, 5 de mayo de 2011

Sombra aquí y sombra allá

De pequeña, mandaron llamar a mi madre de la escuela, ¿el motivo? "Señora, su hija dice una palabra que nadie entiende el significado, Adrianita se la pasa repitiendo foti, foti, y mientras lo dice, con la mano hace círculos en el cabello de la gente" Mi madre no pudo más que reírse y explicar "Lo que Adri quiere decir es frosting, una técnica nueva (en ese entonces) para hacer bases de peinados esponjados, por eso hace círculos con la mano, por que intenta hacer crepé". 

Muchas niñas crecieron jugando con muñecas, mientras yo crecí siendo la muñeca con la que otros practicaban múltiples peinados, cortes y maquillajes. Y es que, mi mundo se formó entre secadoras, planchas, tijeras, peines, sombras, pestañas postizas y labiales.  


Sobra decir que los festivales del 10 de mayo eran la sensación, ya que toda mi familia participaba en la producción de mi personaje. En realidad no importaba si salía de japonesa, de Virgen María o de conejo, mi caracterización era casi teatral. De Halloween ni hablemos, ningún zombie ha superado mi maquillaje, y ninguna Wilma Picapiedra ha lucido el cabello tan naranja sin necesidad de pelucas. 

He sido portadora de toda la gama de tintes, distingo entre un caoba y un cobre (toda la gente los ve "rojos"), he usado extensiones, he lucido casi todos los tipos de cortes, pocas veces he tenido orzuela. Han practicado en mí, tratamientos experimentales para el cuidado de la piel, he utilizado pestañas postizas, permanente en las pestañas, tinte y extensiones en las mismas. Cremas para manos y pies, uñas postizas, masajes de todo tipo (bueno, menos con final feliz), he sido depilada con cera a base de leche y me han untado toda clase de químicos en la piel, básicamente me educaron en un mundo en donde los rituales de belleza son prioridad y en donde el cuerpo es un templo.

Este mundo es visto por muchos como frívolo, pero para mí es un mundo lleno de calidez, en donde el objetivo principal es consentirse a uno mismo. Simplemente es una forma placentera de ver la vida y de distraerse ante los problemas reales. Definitivamente, no he encontrado problema alguno que no se minimice después de un largo día en el salón de belleza, ni conozco una batalla que no se pelee mejor con un buen manicure.


Por mi parte, sólo puedo agradecer el haber nacido en el seno de una familia así, ya que, como el huevo y la gallina, no sabemos que fue primero, si mi vanidad por haber crecido en una familia así, o si sólo soy una vanidosa afortunada por tener una familia tan talentosa en el arte de la belleza.

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